RedaccionGV
julio 30, 2021
Educar no es una tarea sencilla y, en el trajín diario, podrían escaparse frases que -sin querer- dañen la autoestima de tu hijo. Es muy importante cuestionar la forma en cómo le hablamos a nuestros retoños porque un niño que se forma con la autoestima baja podría no desarrollar bien sus habilidades y emociones. La ansiedad, el miedo a probar nuevas experiencias o hasta la depresión, serían algunas de las consecuencias negativas.
La neuroeducadora, Alessandra Navarro asegura que la forma en cómo educamos durante la primera infancia es como un disco duro que tu hijo guardará toda su vida. Durante esta etapa el niño percibe su capacidad, lo amado que es y cuán valioso se siente en el mundo. Y, la imagen que el niño se haga sobre su persona definitivamente impactará en su vida futura.
Toma estas 10 frases como una guía para decirle adiós a ciertas expresiones que podrían dañar el amor propio de tu pequeño y, por ende, también su futuro:
1. ¡Qué torpe eres!
Aclaremos algo, los niños están descubriendo el mundo, y eres tú, como cuidador responsable, quien le enseñará cómo funcionan las cosas. Los niños están abiertos a cometer muchas equivocaciones en este arduo proceso. Ni siquiera una persona adulta está exonerada de cometer errores. El adulto que emplea una frase así para reprender a su hijo, sin querer, está ejerciendo maltrato.

2. ¡Estás bien gordito!
La mala costumbre de hacer comentarios sobre los cuerpos de otros (aunque se hagan con cariño), no escapa en la dinámica social de los niños. Decirle a una niña o niño “qué gordito”, “ay qué flaquito estás” o “seguro tú te comes la comida de tus hermanitos”, resulta tan inadecuado como decírselo a un adulto. Exponer a los niños a una crítica tan incómoda podría acarrear cuestionamientos sobre su figura y hasta desencadenar en trastornos de alimentación.

3. ¿Por qué él sí puede y tú no?
Poner por encima las tareas o labores de otro niño no es saludable para el tuyo. Si crees que vas a generar una sana competitividad, pues éste, no es el camino. Y es que al compararlo estás evaluando quién es más y quién es menos. Recuerda que cada persona es única.

4. No me importa que llores o grites…
Es erróneo pensar que tu hijo dejará de hacer un berrinche porque le dijiste que haga lo que haga, las cosas sucederán de todas maneras. Con esa frase, le estás diciendo a tu hijo que no es amado porque no está haciendo lo que quieres y el amor no se condiciona. Los niños no están en capacidad para regular sus emociones solos y será solo mediante tu ayuda que pueda acomodar ese desborde emotivo que lo frustra. Frente a un berrinche, lo mejor es escuchar a tu pequeño.

5. ¿No te da vergüenza?
O ¡qué va a pensar la gente! Puede haber sido tu alternativa para que el pequeño deje de hacer un escandaloso berrinche. Por favor, no lo repitas. El niño ya está en condición de estrés y con esa frase el mensaje es que no tiene permitido frustrarse. Que tu hijo reconozca sus emociones será una mejor herramienta para su cuidado.

6. ¡Me tienes cansada!
Seguramente muchas veces te sientes agotada. ¿Quién podría reprochártelo? Pero decirle a tu hijo que su comportamiento te agobia es como decirle que tu amor se condiciona a su conducta. No amas a tu hijo solo cuando hace las cosas como quieres, lo amas siempre. El mal comportamiento de un niño podría deberse a que no se siente visto o escuchado. Si realmente generamos una conexión real, un vínculo consciente, estas revoluciones van a bajar.

7. Lo digo yo y punto
O “porque yo lo digo”, es algo que muchas veces los padres expresamos. Pero, ¿qué tan capaz se sentirá tu hijo si solo debe obedecer? Piénsalo, hacer las cosas porque sí no es una actitud inteligente. Por supuesto que eres la persona responsable, pero, así como pretendes que tu jefe tome en cuenta tus opiniones y no solo te ordene ejecutar, tu hijo espera que lo consideres para llegar a tener acuerdos contigo.

8. Le voy a decir a tu papá
Amenazar no es educar. Puede que ya lo hayas intentado todo y lo único que quede sea traer la autoridad del papá o mamá. Pero, desde la neuropedagogía, esta actitud es muy cuestionada. La especialista explica que la amenaza coloca al niño en un estado de alerta que solo le permite cuidarse. En un estado así le será imposible escalar en pensamiento afectando el aprendizaje o la concentración.

Recuerda que la vida futura de los hijos no solo depende de las buenas calificaciones en el colegio o de su destreza en los deportes. El desarrollo socioafectivo de los pequeños será parte fundamental de su identidad en la adultez. Alessandra Navarro, fundadora de Wawa Omm, un centro de educación consciente para el desarrollo socioemocional, apuesta por educar agentes de una sociedad cada vez más empática.